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Hospedaje de vocablos

Dugnad. Esta es la palabra que se usa en Noruega para definir la trabajo voluntario, colectivo y gratuito que busca el fin común. En esta palabra se resume el éxito de la nación nórdica.
La trama del film cuenta la forma en que Mandela, poco después de ser elegido primer presidente de Sudáfrica del período posapartheid y tras sufrir veintisiete años de encierro en la prisión de Robben Island, simpatizó con la selección sudafricana de rugby, los Springboks (históricamente adorados por la población blanca y odiados por la población negra). Estamos en 1995. Ese año, Sudáfrica fue la sede de la Copa Mundial de Rugby.
A mi gusto, una de las imágenes más impactantes de la película es la que muestra a Pienaar y sus compañeros de equipo visitando la isla donde Mandela permaneció encarcelado. Es que fue allí donde su reputación creció y llegó a ser conocido como el dirigente negro más importante en Sudáfrica. Fue allí donde él se formó como líder y donde aprendió a perdonar y a comprender. Fue allí donde entendió que la paz social y la unidad del país eran las únicas bases para la prosperidad de la nación. Y fue allí donde los jugadores de rugby pudieron percibir los objetivos del nuevo presidente.
No obstante, el reino no padecía una lobreguez alarmante ni atravesaba noches gélidas. El hacedor de estos logros, era un pequeño bufón, que alegraba con sus cuentos a grandes y niños.
A veces pensamos que para subir una montaña debemos ser expertos en montañismo, tener un equipo de miles de dólares y entrenar seis meses.
Cuando tenía 8 años mis habilidades de comerciante (heredadas quizás de lejanos parientes árabes) estaban en lo más alto. No sólo les vendía a mis vecinitos unos jugos congelados (de elaboración propia), sino también unos cartones (de artesanal confección) que eran las supuestas entradas para un acto de humor que hacía en el garaje.
El número 10 tiene ese halo de perfección y excelencia. No hay nada mejor en el fútbol que llevar la camiseta número 10, no hay nota más destacada que el 10, ni nada mejor que pasarla “10 puntos”.
¿Qué pasaría si, alejados de las dimisiones nos aferráramos a las diligencias? Y si estuviésemos dispuestos a ser afinados por el diapasón de la distinción, la disciplina y la diplomacia.
En la historia, los espejos están ligados a esa casi perpetua encantación que los seres humanos tenemos con nuestra propia imagen. Las palabras “reflexionar” y “especular” se originan en los espejos. Para Santo Tomás, la especulación (la acción de ver algo usando un espejo) conducía a la meditación ya que, al ver la similitud reflejada, se observaba la causa en su efecto.
Lanzo mis preguntas al aire, a riesgo de que nadie se atreva a contestarlas: ¿No deberíamos llevarnos bien con quienes nos rodean los 12 meses del año? ¿No sería sano para todos apartarnos un poco de tanta frivolidad, despilfarro, glotonería y ostentación? ¿Necesitamos esperar hasta el 25 de diciembre para ofrecer nuestra pequeña mano solidaria y dar sonrisas, gratitudes y regalos? ¿No será hora de pagar diariamente una cuota para paliar el enorme déficit social y humanitario que nos embarga?
Tal vez no debemos cambiar. Tal vez debemos pulirnos para ser mejores ciudadanos, mejores estudiantes, mejores líderes, mejores empleados, mejores docentes, mejores padres, mejores hijos.
En la vida sin vida que propone la película antes citada, el personaje de Willis le reclama a su esposa un abrazo de verdad.